Reconocemos la dignidad, la fuerza, la alegría y el juego en los pueblos libres que han mantenido íntegros en su paisage: masai, aborígenes australianos, indígenas siberianos…
En todos ellos se percibe una entereza y una luz propias que se nutren de su entorno, porque ellos incorporan en su interior lo que llaman Espíritu y que insufla vida, cuerpo y alma a su parage.
Nuestra cultura, en cambio, buscando experimentar la formación de nuevos entornos, se ha ido distanciando de la Naturaleza. Y ha llegado al momento que, rodeados de tecnología, los hombres buscan el bienestar en el exterior.
Y salimos de casa, viajamos y nos rodeamos de fotografías y de recuerdos exóticos en búsqueda de la Naturaleza, porque los parques y los jardines que hemos contruido faltan actualmente de Espíritu. Y así se hace evidente que debemos re-aprender a construir pequeños espacios naturales con la fuerza y la libertad de los grandes espacios naturales.
Así son los jardines con los que fundirse: jardines con un Espíritu propio que nutre los que han recuperado la habididad de fusionarse con ellos, sus usuarios.
Por lo tanto, mi línea de trabajo es doble. Por un lado creo espacios con un espíritu propio mientras que por el otro ayudo a sus usuarios a intensificar sus vículos con el jardín. Paisagismo por un lado, trabajo personal por el otro… Todo conducido por una bióloga con experiencia en estas dos vertientes.
Que la respiración del ser humano y el aliento de su jardín se unifiquen.
El jardín con el que fundirse lo pienso, dibujo y coordino con la fija intención que permita a cadacual reencontrarse a sí mismo y sentirse director de su propia Vida a través de su Jardín.
Estéticamente, este espacio puede adoptar cualquier estilo de jardinería, aunque el planteamiento del espacio, una vez elegido el estilo, no es libre: la disposición y la elección de puntos de fuerza es muy importante para que se pueda reconocer en el jardín la energía de los grandes espacions naturales. Tansólo cuando esta estructura funciona, se puede sentir el jardín vibrando como una sola vida, cargado plenamente de Espíritu.
Y este jardín renovado es ahora capaz de acompañár, soportar y hacer crecer a sus habitantes en todos sus actos y momentos, desde los más cotidianos a los más excepcionales, desde los más profundos a los más físicos, desde los más duros a los más gratificantes, desde los más sociales a los más íntimos. Es un espacio que aporta serenidad, belleza y harmonía a todos los momentos de la vida.
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